* María Moliner, por Eulàlia Lledó Cunill

Tenemos la alegría de iniciar los posts sobre mujeres con una aportación de una persona valiosísima para la especie, Eulàlia Lledó Cunill (clica en el nombre para visitar su web), profesora y lingüista feminista.

Breve nota sobre María Moliner y el Diccionario de uso del español, por Eulàlia Lledó Cunill escrito para el blog “Desarrollando inteligencia feminista” (Coeducación, 2015-2016)

mariamolinerCuando se abren las páginas del Diccionario de uso del español de María Moliner, lo primero que enamora y sorprende es su orden, su estructura y su sistematización; también, desde luego, muchos de los ejemplos, así como su modernidad y apertura de miras. Estas últimas pueden ejemplificarse con la entrada amor.

amor (del lat. «amor, -oris»)

1 («Dedicar, Profesar, Sentir, Tener, Tributar») m. Sentimiento experimentado por una persona hacia otra, que se manifiesta en desear su compañía, alegrarse con lo que es bueno para ella y sufrir con lo que es malo. También se emplea corrientemente con aplicación a cosas tomadas en general: «El amor a la música, al dinero, a las comodidades». Como se ve por los ejemplos, la preposición aplicada al objeto del amor es generalmente «a»; pero es igualmente correcta su construcción con «de»: «El amor de la patria». Se aplica particularmente a la atracción entre dos personas. Puede también, por extensión, aplicarse a la atracción entre animales: «El amor entre los pájaros». (Fuente: María Moliner. Diccionario de uso del español. Madrid: Gredos, 1986)

María Moliner, 1922
María Moliner, 1922

Por la misma época, esta bellísima, elegante y ajustada definición, convivía con las de otros muchos diccionarios que especificaban que el tal amor tenía que darse obligatoriamente, necesariamente, excluyentemente, entre personas de distinto sexo. O con la definición «oficial» de amor que aún sostiene la Real Academia de la Lengua:

amor. (Del lat. amor, -ōris).

  1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
  2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. (Fuente: www.rae.es)

En la primera acepción del DRAE el amor es vivido más como manera de suplir una hipotética carencia (y si esto no es un juicio de valor sobre el ser humano ya me dirán lo que es) que como solidaridad, exaltación y plenitud. Bastante menos bonita a la par que más pesimista. En la segunda acepción, una se pregunta qué debe significar para la Academia el inquietante adverbio «naturalmente» que acompaña a la atracción. La torpeza de la Real Academia tiñe no sólo sus definiciones, sino también su manifiesta ceguera: que María Moliner no sea académica no contribuye precisamente a «limpiar, fijar y dar esplendor» a tan docta corporación.

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María Moliner, 1953

Ahora bien, antes de entrar en el diccionario propiamente dicho, sobrecoge en gran manera ya la dedicatoria que para abrirlo escribió su autora:  «A mi marido y a nuestros hijos les dedico esta obra terminada en restitución de la atención que por ella les he robado».

Realizó una obra de primera magnitud, una obra magna. La compuso contra muchos vientos y mareas, entre ellas la no menor de la mala conciencia que se refleja en la dedicatoria: el pesar de creer que le impidió atender, mujer al fin, sus obligaciones, sus labores, su deber. Si un hombre hubiera realizado un diccionario así, seguramente lo hubiera escrito rodeado del aliento, la comprensión, la admiración de mujer y descendencia, de su más íntimo círculo. Imposible una dedicatoria como la de María Moliner a su familia para hacerse perdonar su dedicación a lo público por parte de un hombre. Pero lo paradójico y cierto es que ningún hombre realizó una obra tal.

Otras pistas sobre María Moliner nos las da la nota de colaboraciones (con esta genérica palabra que incluye a los dos sexos y no con otra se refiere a ellas). Habla de tres hombres, entre ellos un linotipista y un cajista, y de no menos de seis colaboradoras de las que destaca su «gran devoción y extraordinario sentido de responsabilidad». Y vaya si ella estuvo a la altura de esta «devoción y sentido de responsabilidad». El último párrafo de su «Presentación» es de una claridad meridiana, un documento imprescindible para entender su diccionario y su quehacer.

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María Moliner, 1963

Por fin, he aquí una confesión: La autora siente la necesidad de declarar que ha trabajado honradamente; que, conscientemente, no ha descuidado nada; que, incluso en detalles nimios en los cuales, sin menoscabo aparente, se podía haber cortado por lo sano, ha dedicado a resolver la dificultad que presentaban un esfuerzo y un tiempo desproporcionados con su interés, por obediencia al imperativo irresistible de la escrupulosidad; y que, en fin, esta obra, a la que, por su ambición, dadas su novedad y su complejidad, le está negada como a la que más la perfección, se aproxima a ella tanto como las fuerzas su autora lo han permitido.

Es imposible añadir nada a esta auténtica declaración de principios; no es posible arrojar más luz sobre la autora de tan glorioso diccionario.

Ver nuestra página Hablar mejor y diccionarios

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