05 Por qué soy feminista, por María Rosa Dalurzo

Desde mi infancia más temprana supe apreciar la marcada diferencia que existía entre las mujeres que me rodeaban y los hombres que las rodeaban… Cuando desde esa niña lejana, todo era mirar, ser testigo, y comenzar a edificar el largo recorrido de explicaciones que cimentaron mis conexiones neuronales, los patrones eran reconocibles y encajaban pese a mi disgusto, porque descubrí que yo era la pieza que había que colocar en “algún lugar”, que no podía elegir, que no podía expresar, que no podía ser… ese sitio que había que cubrir con mi cuerpo como medida justa de un “no lugar”, ni buscado ni querido, y así fue cuando la infancia me dejó, y llegó el momento de ser colocada, entronizada virgen en un sitio que encajara con los moldes preestablecidos. Por alguna extraña razón vital de salud mental, y de histeria, y de locura, llegó la edad de la rebeldía, de la acción contestataria, de la incomprensión aun más aguda, de la asfixia por un camino trazado que no reconocía. Cuando la infancia quedó como mero patrón de absurdos y los dados del destino impuesto fueron sepultados por la ira, por la negación de lo que tocaba… comenzó la edad del espejo… y entonces, mi mirada recorrió las “otras”, mis iguales, esas piezas que también debían encajar con esos moldes y patrones que ninguna sabía explicar desde cuándo estaban ni desde cuándo ejercían su magnético poder. Algunas de esas ‘yo’ diferentes, algunas de esas otras que eran también yo misma, eligieron las cadenas de la perfección social, eligieron las cadenas del modelo cortado según patrón perfecto… otras como yo, el self que todas llevamos dentro, elegían. ¿Yo?, la compulsión, la histeria, el hartazgo, la locura. Elegí patear tableros, vestirme como un hombre, y asumir la libertad de los hombres, comerme la rosa de un amante noctámbulo, beber como un cosaco, fumar puros, montar en pelo como los indios. Esa self que salió de dentro con tanta fuerza, me aisló de la locura social para envolverme en la locura propia, y en el exilio, y en la soledad, que duraron hasta que empecé a descubrir de otras; desposeídas, vagabundas, creadoras de magia, creadoras de palabras, que narrábamos la historia de mujeres que se lanzaban a la conquista de la política, compañeras de viaje que golpeaban a la puerta de los mundos de los grandes libros feministas, y el feminismo que siempre había sido en mi “self” sin nombre, empezó a cobrar el cuerpo y el nombre… empezó a ubicar los dolores propios en los dolores de las otras, locas, brujas, putas, zorras… que vagábamos por las noches de la libertad y la búsqueda de nuestros yo perdidos.

En cada mujer hay una feminista escondida, en algunas de nosotras se despiertan pronto, combaten desde el comienzo de la vida, protestan por todo, se rebelan por todo, tratan de someterse al silicio de la sumisión que no encaja y rompen las prisiones a las que nos someten; otras aceptan pasivamente esa camisa de fuerza, y nos miran con envidia, y celos, con admiración y con miedo… o lamentablemente con odio por ser quienes somos… tergiversan las palabras para enmascararnos, se llaman a sí mismas desde sus reconocibles prisiones, defensoras de la vida, cuando viven sepultadas dentro de sus propios cadáveres… y nos combaten… no quieren entendernos… pero afortunadamente todo eso está cambiando. Empiezan a comprender que el cambio, la transacción espuria que han negociado no compensa, que ellas también sueñan con lobas desatadas en medio de los bosques, y con aquelarres liberadores donde ser colectivo en lucha. Y sucede que entonces, se cansan de ser muñecas para buscarse mujeres, otras quizás más dañadas, ¡pobres muñecas rotas!, siguen envileciendo el lenguaje, impidiendo la comunicación, sirvientas eternas de la sociedad que vivimos, se convierten en las siniestras fuerzas del orden que nos gobiernan… Pero libres y liberadas aquellas nosotras que hemos roto las cadenas patriarcales, somos más, tenemos escobas en nuestros sueños que nos transportan a la libertad orgásmica y al poder de todas… unidas, despertando jóvenes con un nuevo lenguaje, con un nuevo sueño… siguiendo el sendero de las Rosas de Luxemburgo, de las libertades que guían a los pueblos con sus pechos desnudos y arengando a la batalla… de las lloronas del Guernica que claman de ira, de las Safo excelsas, de las Afroditas polifacéticas de erotismo y amor como creación… de las insolentes Ladys Godivas que cabalgan vestidas de sus largas cabelleras por pueblos silenciosos y llenos de rencor… de las mitológicas Amazonas, somos, y seremos legión, seremos más, seremos revolución, seremos acción.

El nuevo feminismo vestido de su larga historia, se sacude una y otra vez sus ropajes, para combatir la gigantesca hidra de siete cabezas, para mimetizarse en nuevas formas, para descubrir nuevos lenguajes, para hacer nuevas convivencias, para repartir cuidados, sororidad, apoyo, ternura, empatía, amor, vida convertida en poder, en unión de hermanas, en magas de la vida, entroncadas en las madres esenciales de los mitos de Fausto, las dadoras de las llaves, las portadoras de la sabiduría, seremos las Deméter que vuelven triunfantes de los infiernos… para nunca más volver a los reinos de Hades-macho-embrutecedor-y-violento, desparramando primaveras para siempre.

¿Que por que soy feminista? Por todo esto. Por todo esto ¡y mucho mas!… La conquista de un futuro para nuestras hijas y nuestras nietas, para desterrar para siempre el sistema opresor de nosotras y la humanidad… Soy feminista porque puedo y porque quiero.

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