Cómo sostienen las mujeres el patriarcado (aprender a callar) y cómo combatirlo (aprender a escuchar-se)

Artículo completo: Lo que todas las mujeres se ven obligadas a hacer, de Gretchen Kelly

(…) Todas hemos aprendido, ya sea por instinto o por el método de ensayo y error, a reducir una situación que nos incomoda. A evitar que un hombre se enfade o a evitar ponernos en peligro. En numerosas ocasiones, todas hemos ignorado un comentario ofensivo. Todas nos hemos reído de algo inapropiado para salir del paso. Todas nos hemos tragado la ira cuando se nos ha menospreciado.
No es algo que siente bien. Es asqueroso. Sucio. Pero lo hacemos porque, de lo contrario, estaríamos poniéndonos en peligro, nos ganaríamos un despido o que nos etiquetaran como zorras. Así que solemos elegir la opción menos peligrosa.
No es algo de lo que hablemos todos los días. No se lo contamos a nuestras parejas o amigos cada vez que pasa. Porque es tan frecuente, tan generalizado, que se ha convertido en algo más con lo que simplemente debemos lidiar en nuestro día a día.
Así que quizá no saben lo que es.
Quizá no saben que ya con 13 años tenemos que aguantar que los hombres adultos nos miren el pecho. A lo mejor no saben que había hombres de la edad de nuestros padres que nos tiraban los tejos cuando trabajábamos de cajeras. Probablemente no sepan que el chico de clase de Inglés que nos pidió salir ahora nos trata mal porque le rechazamos. Puede que no sean conscientes de que nuestro jefe nos suele dar palmaditas en el culo. Y seguro que no se dan cuenta de que cada vez que sonreímos lo hacemos apretando los dientes. Que miramos para otro lado o fingimos que no nos damos cuenta de muchas cosas. Es probable que no tengan ni idea de cuán frecuentemente pasan estas cosas, de que se han convertido en una rutina, de que ya es algo tan normal que apenas nos damos cuenta.
Nuestra rutina consiste en ignorarlo y minimizarlo. (…)

Y así termina el artículo:

Así que, la próxima vez que una mujer hable de que le incomoda que le digan piropos cuando va por la calle, no la ningunees: escúchala.
La próxima vez que tu mujer se queje de que su jefe le llama “cielo” en el trabajo, no te encojas de hombros apáticamente: escucha.
La próxima vez que oigas a una mujer hablar del lenguaje sexista, no la menosprecies: escucha.
La próxima vez que tu novia te diga que la forma de hablar de ese tío con el que se ha encontrado en la gasolinera le ha hecho sentirse incómoda, no te encojas de hombros: escucha.
Escucha porque tu realidad no es la misma que la suya.
Escucha porque sus preocupaciones son válidas, no son exageraciones.
Escucha porque tu chica conoce personalmente a una víctima de abuso o de violación y sabe que podría pasarle a ella también.
Escucha porque hasta el comentario más simple de un extraño puede hacer que se estremezca de miedo.
Escucha porque puede que esté intentando que sus hijas nunca tengan que vivir lo que ha tenido que vivir ella.
Escucha porque nunca hay nada malo en escuchar.
Simplemente, escucha.

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5 thoughts on “Cómo sostienen las mujeres el patriarcado (aprender a callar) y cómo combatirlo (aprender a escuchar-se)

  1. Reblogueó esto en cultura y libertady comentado:
    En el cole, un día, las gemelas, no vinieron. No eran de mi curso. Y por ello no jugábamos juntas pero todo el mundo las conocía bien. Eran divertidas, sociables. Un día nos enteramos. Y era demasiado pronto para enterarse de ello y a la vez una realidad que necesitábamos saber cuanto antes. Violaron a una de ellas cuando volvía a casa desde el cole. Y si alguien se hace esa odiosa ristra de preguntas que se hacen (en los tribunales y en las mentes de todxs) en estos casos, malditx seas, porque no tenía ni 11 años. Como para saber si llevar una faldita así o una camiseta allá podía estar despertando la bestia que el patriarcado engendra. Si ya desde el cole sabes que te pueden violar sin saber si quiera qué significa hacer el amor, pero intuyes que es algo que da vergüenza a la que lo sufre y de lo que se huye pero no se habla… Imagina lo que te queda por vivir, por sentir a solas, por repudiar sin poder expresar.
    Cuarenta y cinco años después seguimos igual, sintiendo prevención, miedo y repugnancia ante tantas “pequeñas” cosas que los hombres hacen porque quieren y porque ni siquiera tienen que pensarlas, están ahí…

    Le gusta a 1 persona

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