Ni machismo ni feminismo. El término medio inexistente

En primer lugar, gracias a la red DIF (Desarrollando Inteligencia Feminista) por permitirme colaborar en este proyecto y, en concreto, a Michelle Renyé por proponerme escribir sobre este tema, así como por sus consideraciones y comentarios sobre este texto.

Querría agradecer además a Margarita Castaño, mi madre, las horas de interesante debate y reflexión crítica incisiva en cualquier lugar y momento donde pudiéramos compartir un rato y unas palabras sobre cualquier tema, luchando no por la razón para ganar la discusión sino sobre todo por la verdad, aunque nos costara perder la razón. Este es uno de esos temas.

ni machismo ni feminismo

A día de hoy es muy frecuente escuchar en conversaciones cotidianas surgidas en diversas situaciones, o en entrevistas y tertulias que tienen lugar en la fábrica de cultura mediática de masas, tal como son los medios de comunicación, la frase poco afortunada “yo no soy ni machista ni feminista”, o sus derivados “ni machismo ni feminismo, igualdad”, o “ni machismo ni feminismo, ningún extremo es bueno”. Incluso hay quien afirma “no soy machista ni feminista, soy persona”, sin explicar qué son entonces, si no son personas, aquellos entes vivientes de origen desconocido que se reconocen o son reconocidos como machistas o feministas.

En la mayoría de las ocasiones estas afirmaciones se expresan con la intención, desafortunada, de situarse en un término medio entre dos puntos, límites, o extremos alejados entre sí y en cuyo punto medio entre tales extremos se encuentra la moderación y la virtud; lo bueno.

Esto nos recuerda a la doctrina ética del término medio del filósofo Aristóteles, quien afirmaba que la virtud, el comportamiento virtuoso (por ejemplo el valor, ser valiente), se encontraba en el término medio entre dos excesos, uno por defecto (la cobardía), y otro por exceso (la temeridad). De este modo, para ser una persona valiente, no puedes actuar de forma cobarde, huyendo de los problemas o situaciones difíciles, ni puedes actuar de forma temeraria, expresando un exceso de valentía, poniéndote en peligro. Aristóteles denominó a ambos extremos, por defecto y por exceso, vicios.

Debemos preguntarnos si es posible entonces encontrar este término medio, la virtud, lo bueno o lo correcto en la expresión “ni machismo ni feminismo”. ¿La afirmación “yo no soy machista ni feminista” sitúa a la persona que la afirma en una posición virtuosa? ¿Podemos encontrar realmente un término medio que nos erija como seres virtuosos al afirmar que no somos ni machistas ni feministas o que renegamos de ambos al considerarlos puntos extremos de un lugar intermedio entre éstos? La respuesta es no. Además explicaré por qué la frase “ni machismo ni feminismo, igualdad” resulta ser una incoherencia absoluta, al igual que afirmar, buscando un punto medio, “ni frío ni amarillo” o “ni cebolla ni del Barça, bicicleta”.

No se puede encontrar un término medio entre “machismo” y “feminismo” porque ambas realidades y conceptos no son términos semánticamente opuestos relacionados con un término medio común, que sería la igualdad (como valor, virtud o término medio correcto y bueno) para los que creen erróneamente que son términos opuestos.

Ambos términos no comparten un lugar común, que llamaré ámbito de relación semántica, dentro del que puedan situarse como extremos alejados cada uno de un término medio que se encuentre a la mitad de ambos. Por tanto, al ponerlos en relación como extremos de un mismo valor, se produce una falsa oposición semántica por desconocimiento, ignorancia o comprensión errónea de al menos uno de los dos conceptos.

Por un lado, el machismo es una forma de pensar y de actuar por la cual se entiende que el macho (categoría sexual) es superior a la hembra, desprendiéndose de esto una desigualdad en la que se produce la dominación a nivel sexual, cultural, político y económico de un sexo sobre el otro.

Por otro lado, el feminismo es un movimiento político-social no jerarquizado y liderado por mujeres que ha analizado y criticado los fundamentos ideológicos y causas de la desigualdad de sexo y género que ha tenido lugar a lo largo de la historia de la humanidad, con el objetivo de transformar la sociedad y lograr una igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres. Esta es una definición simple, pues podríamos hablar, más bien, de feminismos, ya que existen diversas corrientes internas dentro del mismo movimiento socio-político.

Podemos ver, por tanto, que mientras que el machismo es una forma de pensar y un comportamiento que produce desigualdad, el feminismo es el movimiento, y el instrumento o mecanismo, que reclama una igualdad real y efectiva entre sexos y que conduce a esta igualdad.

Tras esta aclaración conceptual, se hace evidente la imposibilidad de encontrar un término medio entre tales conceptos y realidades. Por este motivo, afirmar “ni machismo ni feminismo, igualdad” o “ni machismo ni feminismo”, tomándolos como extremos y buscando un término medio entre éstos, resulta ser una incoherencia, al igual que afirmar que “ni frío ni amarillo” o “ni cebolla ni del Barça, bicicleta”.

Los términos “machismo y “feminismo” no se encuentran en una relación de oposición semántica, dándose por tanto un caso de falsa antonimia. Además, las realidades a las que se refieren estos conceptos son guiados por, y tienden a, valores distintos del ámbito de los valores (ámbito axiológico).

Dentro del ámbito axiológico podemos identificar los valores morales que pueden guiar nuestras acciones, comportamientos o actitudes. La igualdad, la justicia, la bondad, la belleza… Son valores hacia los que tendemos y con los que guiamos nuestras acciones o nuestro comportamiento. Bajo el ideal de la justicia realizamos acciones que consideramos justas y con las que tendemos a ese valor ideal de justicia. Al igual que con el valor de la igualdad, bajo el que guiamos nuestras acciones tendiendo al valor ideal de la igualdad.

Si por un lado, como hemos visto, en el ámbito semántico “machismo” y “feminismo” no son términos opuestos, al producirse una falsa oposición semántica entre éstos, podemos afirmar en cambio que en el ámbito axiológico si se establece una relación de oposición de valores entre el machismo y el feminismo.

De este modo, mientras que las actitudes, acciones y comportamientos a los que hace referencia el término “machismo” son guiadas por, y tienden a, un ideal de desigualdad, las actitudes, acciones y comportamientos a los que hace referencia el término “feminismo” son guiados por el valor de la igualdad y tienden a ésta.

Se produce por tanto una oposición axiológica que funda, o sobre la que se basa, la interacción que se produce entre machismo y feminismo en la realidad en la que vivimos, al surgir el feminismo como una reacción frente a, en términos de enfrentamiento, el machismo en un contexto de desigualdad sexual sobre la que se construye a su vez la desigualdad en el terreno político, sexual, social, cultural y económico.

El valor de la igualdad sobre la que se funda el feminismo se enfrenta así al valor de desigualdad del machismo, produciéndose este choque de valores no como un enfrentamiento entre dos tratos de desigualdad opuestos, que serían el machismo y el hembrismo, sino como un enfrentamiento entre valores distintos.

En resumen, en el ámbito semántico “machismo” y “feminismo” no son términos opuestos, ya que hacen referencia a realidades distintas; por lo que semánticamente no se produce ninguna oposición ni interacción entre éstos términos.

La verdadera interacción que se produce entre tales términos y las realidades a las que se refieren se produce primero en el ámbito axiológico, en el terreno de los valores, al ser realidades guiadas por valores distintos. Esta oposición axiológica es en la que se fundamenta el enfrentamiento que se produce entre el machismo y el feminismo en las sociedades patriarcales, al surgir el feminismo en ese contexto de desigualdad como reacción a esa desigualdad.

Hemos visto así que una de las causas por las que se intenta buscar un término medio entre tales realidades es la ignorancia o desconocimiento de tales conceptos o realidades. Desconocer su significado real puede llevar a entenderlos como extremos opuestos de un trato desigual: el machismo como la superioridad del macho sobre la hembra y el feminismo como la superioridad de la hembra sobre el macho, algo erróneo.

Malinterpretando los conceptos de esta forma es comprensible que se busque un punto intermedio virtuoso, bueno, correcto, en el que se encuentre la igualdad. Pero como ya hemos visto, el machismo corresponde a un trato desigual, mientras que el feminismo es la búsqueda y la lucha por la igualdad. Tendríamos por tanto que reflexionar sobre nuestros conocimientos y los errores que nos conducen a tales conclusiones.

Así mismo, los medios de comunicación y su cultura de masas, a la que se referían Adorno y Horkheimer en su obra Dialéctica de la Ilustración, son responsables en buena medida de esta comprensión errónea de la relación entre el machismo y el feminismo y de la percepción del movimiento feminista, que es mostrado en los medios mayormente bajo acciones reivindicativas de gran impacto visual, dejando de lado el feminismo teórico o los fundamentos ideales del movimiento feminista. De este modo, la ciudadanía toma una parte del movimiento feminista (la mostrada en los medios de comunicación) como el conjunto, y al no estar de acuerdo con los métodos o  “formas” de las reivindicaciones, creen acertado rechazar el movimiento feminista en su conjunto.

Otro de los motivos que lleven a afirmar la frase analizada es la decisión de no posicionarse políticamente a favor de ninguno de los dos conceptos (no relacionados semánticamente), buscando no la virtud en un término medio, sino expresando una indiferencia política y cívica respecto a un tema como éste.

Por último, también puede suceder que se afirme que “ni machismo ni feminismo” o “ni machismo ni feminismo, igualdad” porque, sabiendo el significado correcto de ambos conceptos y realidades, se rechazan ambas. Pero es necesario entonces que este rechazo se justifique racionalmente, expresando las razones de por qué no se está de acuerdo con las diferentes posturas de los diferentes feminismos con las que no se esté de acuerdo.

Reflexionar en profundidad sobre los motivos por los que rechazamos un movimiento que lucha por una igualdad real, y sea además un mecanismo para conseguirla, puede, quizás, hacer que nos demos cuenta de que nuestra percepción de tal movimiento se ve influenciada por una imagen sesgada, caricaturizada o desfigurada por los medios de comunicación (“medios de deformación” de la realidad) y otras fuentes de desinformación; o puede hacer que nos demos cuenta de que estamos en desacuerdo con una de las corrientes concretas o alguno de los métodos reivindicativos de este movimiento, pero de acuerdo en líneas generales con sus fundamentos ideales, valores y mecanismos más formales de cambio social y político, por lo que nuestra crítica puede re-direccionar el movimiento feminista hacia algo que consideremos más correcto.

También puede que simplemente lo rechacemos, en base a otros valores que consideremos más importantes que la igualdad, o que encontremos o ideemos otro movimiento político-social más válido para alcanzar la igualdad, si es que la queremos.

Esto es lo bello de la reflexión crítica y la deliberación racional, que pueden sorprendernos y llevarnos a caminos a los que no esperábamos llegar, pues los valores de la verdad y el bien, lo bueno, nos empujarán hacia donde éstos se encuentren. Tendremos que decidir si es allí adonde queremos llegar.

PyR_07. ¿Por qué a las feministas no las basta con que se nombre al Hombre?

Lenguaje, pensamiento y relaciones: respetar el derecho a ser nombradas

Nombrar correctamente a alguien es el mínimo respeto, y sin embargo, hasta el siglo 20 la inmensa mayoría de las mujeres no ha podido decir: Si te diriges a mí, usa mi nombre, tengo mi propio nombre, tengo mi propia voz.

marcapaginasMP_1cara_INTERNETDe Mujer Palabra, una cita y este link a su índice de Recursos sobre el lenguaje:

Nosotras, como feministas, aspiramos a una sociedad de hombres y mujeres que sean personas, donde no quede rastro de los aspectos injustos del ser femenino y ser masculino que hemos conocido, de esos patrones que se basan en la opresión, el desprecio y la explotación hacia todo un grupo humano, las mujeres, y por subestimación de nuestra inteligencia, en realidad, hacia toda la especie. La lucha por el lenguaje inclusivo es la lucha por usar un lenguaje más justo, menos violento, esto es, un lenguaje que no sea utilizado contra nadie como arma de exclusión y opresión en la sociedad. Intentar ser sensibles a usar un lenguaje menos machista y masculinista neutralizando los usos del masculino singular al sustituirlos por otras expresiones o por la inclusión también del femenino singular es un gesto democrático y civilizado, fundamental, como dejar de usar expresiones que podrían herir a grupos que tradicionalmente han sido maltratados, por ejemplo, gente con una sexualidad o con rasgos físicos distintos a los del grupo dominante. Por lo tanto, consideramos absurdo que se ridiculice la búsqueda y el uso espontáneo de un lenguaje que incluya a las mujeres como personas.

Presentación de las guías de lengua, por Eulàlia Lledó Cunill para Desarrollando inteligencia feminista (enero 2016)

El camino de visibilizar a las mujeres aunque gratificante es largo y cada cual hace sus pasos aportaciones. Una de las cosas que me ha tocado realizar son guías de lenguaje que propongan y sitúen las mil y una maneras de incluir a las mujeres; primer paso ineludible para tener en cuenta sus vidas, sus hechos, sus producciones, sus logros y gestas. Una de las primeras guías en que participé fue la colectiva NOMBRA. En femenino y en masculino. La representación del femenino y el masculino en el lenguaje en 1995. Luego colaboré en muchas más, o las asesoré; la mayor parte sobre lenguaje administrativo. Las que hay en el link anterior se dedican a estudiar la lengua que usa habitualmente un sector concreto u otro.

El objetivo fundamental es proponer soluciones a los problemas y ausencias que se detectan respecto a la visibilización y a la inclusión de las mujeres a partir del análisis de documentos reales, actuales y vigentes. Siempre teniendo en cuenta el contexto, proponen modificaciones con vistas a solucionar, cuando es el caso, los problemas de exclusión de las mujeres, tanto si son generales como específicos. Una vez realizadas, se postulan como modelos extrapolables y exportables para elaborar documentos similares. Por esta razón se ha procurado que las soluciones fueran lo máximo de diversificadas posible.
En algunos documentos hay fragmentos que no presentan problemas; así pues, algunos están casi enteros para que pueda verse que en muchas ocasiones no es necesario tocar nada, es decir, mostrar que pueden encontrarse escritos (al menos parte de ellos), libres de redacciones que invisibilicen o excluyan a las mujeres. Para desdramatizar la cuestión.

Antes de acabar me gustaría recordar que las guías no acostumbran a inventar nada. Las soluciones más rompedoras, económicas, atrevidas y elegantes: la alternancia de géneros, el uso del femenino con cierto valor genérico, etc. son innovaciones y logros de las hablantes que luego las guías se limitan a recoger, sistematizar y proponer.

02 ¿Por qué soy feminista?, por Griselda Gloria Fernández (Argentina)

Me llevó mi tiempo, muchísimos años darme cuenta de que eso es lo que soy, es decir, hace décadas que soy feminista pero nunca nadie me orientó hacia allí, fue gradual saberlo, y tiene que ver con mi humanismo, comenzá siendo de “izquierda” como se suele decir, es decir, buscando soluciones para las heridas de las injusticias que la codicia humana genera. Seguí dándome cuenta de que en cualquier sociedad hombre rico-mujer rica-hombre pobre-mujer pobre, es decir, siempre somos la última parte de la escalera. Y etcéteras, no? Siempre perdiendo para que los hombres ganen.

¿Por qué has escrito los libros feministas que has escrito? ¿O hecho las cosas feministas que has hecho? ¿Y qué te han aportado?

Participé en colaboración con la licenciada Georgina Lira en la elaboración de un informe, disparado de una serie de preguntas que nos empezamos a hacer cuando surgieron proyectos de reglamentación: Sobre Derechos Civiles y Laborales en Relación a la Prostitución [clicando puedes leerlo].
Y asistí a encuentros de mujeres.
Y publico como Morrigan Cevege Madretierra poemas y cosas que pienso, filosofías propias.
Lo hice y lo hago porque creo en la necesidad de cambiar el pensamiento de las personas, particularmente las mujeres, que se caracteriza por ser una esponja a merced del sistema patriarcal que nos convierte cada vez más en cosas. Y me harto.
Me aportó mucha satisfacción, al ver que lo que hice gusta y llama la atención y lo leen, lo que significa que quizás algo pueda llegar a la mente de otras personas en algún momento.

¿Qué cosas buenas te ha dado el feminismo? (porque parece que ser feminista da mucho trabajo y disgustos)

Me ha dado un ideal en el que finalmente no tengo dudas, está claro qué quiero y cómo puedo esforzarme en eso. Me ha dado amigas, personas que piensan aproximadamente como yo, en quienes también deposito fe en sus personas, y siento su calidez. Me ha brindado saber que no estoy sola.

* “El feminismo jamás ha matado a nadie”, Benoîte Groult

La siguiente cita se ha convertido en una idea fundamental que se difunde a diario con el feminismo, un movimiento que está generando cambios sociales no producidos durante siglos y a través de la lucha noviolenta. Una verdadera revolución noviolenta, no llamada así, ni comprendida como es porque implica la destrucción del orden social patriarcal, que lleva siglos educando en la inferioridad de las mujeres en todas las esferas respecto al Hombre.

Le féminisme n’a jamais tué personne – le machisme tue tous les jours ―Benoîte Groult
[El feminismo jamás ha matado a nadie; el machismo mata todos los días]

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